El castillo que nunca olvidó

Si hay algo que atrapa a la gente son las historias de amor (si no fuera así Alejandro Romay no se hubiera convertido en el Zar de la televisión) y si, además, al idilio le agregas una pizca de tragedia ¡listo! tenés el éxito asegurado. Ahora bien, y como reza la famosísima frase de Oscar Wilde: “la realidad supera la ficción”; en este caso, la trágica historia que envuelve al “Castillo Guerrero de Domselaar” le hace sobrados honores a esta frase.

Se trata del asesinato de Felicitas Guerrero, una joven viuda y millonaria de la aristocracia porteña, víctima de un pretendiente obsesionado con ella. Los hechos transcurrieron a fines del Siglo XIX, el día en que Felicitas iba a anunciar su compromiso con un nuevo amor: Samuel Sáenz Valiente.

Según cuenta la leyenda, un viejo pretendiente que insistía en que ella debía casarse con él no acepta su rechazo y bajo la sentencia “si no sos mía, no sos de nadie“ le dispara y luego se suicida. Aunque lo trágico de la historia no reside únicamente en el desenlace sino en los infortunios que vivió la joven con la muerte de su esposo Martín de Álzaga y la de sus dos pequeños hijos, uno de ellos al nacer. Motivos que reforzaron la creencia de que Felicitas “nunca pudo ser feliz“.

Como suele ocurrir, con el paso del tiempo el relato se simplifica, en este caso se resume al carácter trágico de los acontecimientos. De la misma manera, los objetos que sobreviven al paso del tiempo se convierten en símbolos y referentes de las diferentes historias de la época. Esto ocurrió con la residencia de campo de la familia Guerrero en Domselaar, partido de San Vicente.

La edificación de estilo francés fue construida en el año 1872 por los padres de Felicitas Guerrero (herederos de su fortuna) con el propósito de hallar un refugio que los preservara de la fustigadora mirada de la sociedad de aquel entonces, luego de su muerte.  

Para mí, en particular, fue todo un hallazgo. Primero porque el lugar de referencia que tenía de la fatídica historia de Felicitas Guerrero era la Estancia La Raquel ubicada a orillas del Río Salado, en Castelli (Si transitaste por la Ruta 2 seguro lo viste alguna vez. Quién en su infancia no intentó espiar fugazmente desde el auto, atravesando con la mirada la espesa arboleda, para encontrar algo que evidenciara el destino de Felicitas). 

Si bien esta propiedad, que pertenecía a la familia sumado a su cercanía a la Ruta 2, contribuyó a que se perpetuara esta historia en el imaginario colectivo, no fue el escenario dónde sucedieron los hechos en cuestión. Esa residencia -ubicada en el barrio de Barracas- ya no existe, fue demolida (fin del misterio, te lo spolié). Igualmente hay una hermosa Iglesia en su honor.

En segundo término, mi sorpresa se basa en que desde su concepción este castillo fue un refugio que intentó mantener alejada a la familia de aquellos trágicos acontecimientos. La paradoja es que en la actualidad la centenaria edificación está abierta al público y justamente, la historia que se relata durante la visita guiada es la del “amor no correspondido“ y el trágico desenlace que terminó con la vida de Felicitas Guerrero y su obsesivo pretendiente, Enrique Ocampo (sí, tío abuelo de la escritora Victoria Ocampo; en aquella época todos tenían que ver con todo). Contrariamente al deseo de sus padres, se mantiene vigente y viva la trágica vida de Felicitas Guerrero.

Durante la visita, además de hacer una introducción sobre quienes eran los integrantes de esta familia, cómo Felicitas Guerrero se convirtió en una de las mujeres más jóvenes, bellas y adineradas de la época, también se describe su infancia, su vida de casada, su infortunio personal, y las circunstancias que envolvieron su muerte. En este punto, no sólo se rebela un secreto guardado entre cuatro llaves, sino que se descubre un tesoro oculto custodiado de generación en generación. 

Cita imperdible

Para conocer más y develar algunos misterios, te invito a que visites el Castillo Guerrero y conozcas la historia relatada por integrantes de la propia familia. Vas a poder recorrer sus pasillos, sus salas y habitaciones. También, disfrutar del paisaje que te regala el jardín que alberga cedros del Líbano con 2 siglos de antigüedad, liquidámbares y  alcanfores que se escabullen entre las esculturas que tímidamente habitan el parque.

En su interior vas a encontrar objetos que pertenecieron a la familia, una biblioteca con ejemplares antiquísimos, mobiliario que perteneció al viejo Teatro Colón, loza inglesa, pinturas y grabados de reconocidos artistas europeos. 

El Castillo Guerrero es hermoso por dónde se lo mire. Tiene un diseño único con detalles arquitectónicos que lo convierten en una verdadera obra de arte. Cada rincón de este castillo te invita a viajar en el tiempo, a trasladarte a aquella época en que las familias “de bien” jugaban a la nobleza con un pie en esta tierra y la mirada del otro lado del atlántico.

No dejes de visitar este Castillo que fue erigido para olvidar pero nunca olvidó.

F.M.

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